Mari Mari Narváez
January 6, 2012
https://www.elnuevodia.com/columna-estrellada-1159746.html

I’d already learned that water and freedom were overlapping. As I knew that, among so much that happiness is, there is the sun. That no one exists who will not be breathless, who will not be able to imagine a different future when that orange, pink sphere disappears in such an incredible exercise; the largest star in the universe.

I really don’t know if it’s the largest star, but I like this certainty of saying so. I do know that in each sunset, in the scene of any calm sea, a love reappears, an idea, the radiography of something that nourishes life.

I thought of this, reading the testimony of Oscar López Rivera in his book “Between Torture and Resistance”: “In Marion I would go out to the yard once a week and from there I would see trees, animals, birds. I would hear the noise of the train and the song of the cicadas. I would run on the ground and smell it. I could grab grass in my hands and let butterflies surround me. But here, there’s none of that.”

In another fragment, the Puerto Rican political prisoner who today, Three Kings Day, turns 69 years old, 30 of those years behind bars, says, “Something I can say is that I only see the shadow of the shadow, but not the object. That’s how it’s been for five years, without seeing a starry sky or the darkness of night…”.

You and I knew this. That a new year would begin and that violence would continue so atrociously. That innocents would fall, and those in government would be so hypocritical and passive, like last year. We new that we would continue living in this phony environment. Breathing deeply, swallowing hard, digging in, what else to do. Looking for happiness elsewhere. You and I know that there isn’t much we can do so that people in the street don’t shoot each other to death. That it’s really not in our hands.

What is in our hands is to demand the release of Oscar López Rivera. You and I can be determined that they hear us; that 2012 won’t end without Oscar having his starry night, a minute after his first sunset in 30 years.

The author is a journalist.

Estrellada
Mari Mari Narváez
6 enero 2012
https://www.elnuevodia.com/columna-estrellada-1159746.html

Ya había aprendido que agua y libertad estaban imbricadas. Como supe que, entre tanto que es la felicidad, está el sol. Que no existe quien no se quede sin un poco de aire, quien no imagine un futuro distinto cuando, ante toda la incredulidad del mundo, se va escondiendo esa esfera anaranjada, rosada; el astro más grande del universo.

La verdad, no sé si es el astro más grande pero me gusta decirlo con esta certeza. Sí sé que en cada puesta de sol, en la escena de cualquier mar calmoso, resurge un amor, una idea, la radiografía de algo que alimenta la vida.

Pensé en esto leyendo el testimonio de Oscar López Rivera en su libro “Entre la tortura y la resistencia”: “En Marion yo salía al patio una vez a la semana y, desde allí, veía árboles, animales, pájaros. Oía el ruido del tren y el cantío de chicharras. Corría sobre la tierra y la olía. Podía agarrar yerba en mis manos y dejar que las mariposas me rodearan. Pero aquí no hay nada de eso”.

En otro fragmento, el prisionero político puertorriqueño, quien hoy, día de Reyes, cumple 69 años, 30 de ellos en el encierro, dice: “Algo que puedo decir es que solo veo la sombra de la sombra pero no el objeto. Así llevo unos cinco años, sin ver un cielo estrellado o la oscuridad de la noche…”.

Usted y yo lo sabíamos. Que un nuevo año iniciaría y la violencia seguiría tan atroz. Que caerían inocentes y los gobernantes serían tan hipócritas y pasivos como el año pasado. Sabíamos que seguiríamos viviendo en este ámbito de fábula. Respirando hondo, tragando gordo, metiendo mano, qué remedio. Buscando la felicidad en otra parte. Usted y yo sabemos que no es mucho lo que podemos hacer para que la gente en la calle no se mate a tiros. Que no está realmente en nuestras manos.

Lo que sí está en nuestras manos es exigir la excarcelación de Oscar López Rivera. Usted y yo podemos proponernos que se nos escuche; que de este 2012 no pase que Oscar tenga su noche estrellada, un minuto después de su primera puesta del sol en 30 años.

La autora es periodista.

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