Pedro Rafael Ortiz S.
Sacerdote Diocesano
Comunidad San Francisco Javier-Parcelas/Navarro

Salmo 71 en la liturgia del día de Reyes: “Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra”. Y continua, “que en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente”.
Me pidieron que viniera a bendecir esta obra, este mural que clama por la liberación y en demanda de la excarcelación de Oscar López Rivera, héroe de la lucha armada por la independencia de Puerto Rico cuya prisión prolongada y cruel ha tenido la consecuencia de convertirse en convocatoria que une a personas de ideologías muy diversas. El pedido al presidente de Estados Unidos de que lo saque de la prisión es un clamor al que se suman aliados y adversarios, amigos y hasta enemigos de los ideales por los que cumple condena este luchador.

Este mural, esta nueva hazaña del movimiento estudiantil, habla también de otra consecuencia de la lucha de Oscar López Rivera: No quedó en el pasado sino que es canto de rebeldía y compromiso de jóvenes que renuevan las gestas de Juana de Arco, de George Washington, de Toussaint Louverture, de Simón Bolívar, de Ramón Emeterio Betances, de José Martí, de Augusto César Sandino, de Pedro Albizu Campos, de Mahatma Gandhi, de Lolita Lebrón, de Filiberto Ojeda y de tantos otros que convirtieron la lucha por la libertad de sus pueblos en una misión de vida. Me resulta evidente pues que al pedir la bendición de este mural se quiere mostrar al mundo algo más que la mera bendición ritual de una obra de arte juvenil.

Se trata también de algo enraizado en lo más profundo de nuestra civilización. Las gentes de todas las épocas han buscado la bendición religiosa de sus acciones individuales y de sus gestas colectivas. Así fue con las pirámides y los oráculos griegos y así es hoy día, en medio de esta guerra global del terror. Desde la fe, es una manifestación visible de que el ser humano busca la aprobación divina. Pasamos por la vida haciendo cosas, tratando de crear y añorando que de nuestras obras pueda decirse, como en el Génesis, “Y vio Dios, que era bueno… y amaneció”.

Hoy, precisamente al conmemorarse el cumpleaños de Oscar López Rivera, sabemos que celebramos la Fiesta de Reyes. Se trata de una tradición un poco distinta. Con esta fiesta recordamos cuando los Magos de Oriente llegaron a bendecir al Mesías que había nacido en Belén. Así pues, en esta hermosa festividad cristiana, es el ser humano el que bendice la obra de Dios. Por generaciones, tomamos este día para recordar que los niños son obras de Dios y los bendecimos, así como aquellos magos le llevaron al Niño oro, para significar que había nacido un rey, incienso porque era el Hijo de Dios y mirra, porque habría de sufrir.

Quiero hacerles los tres regalos simbólicamente a ustedes jóvenes, a ustedes que son los hijos de esta patria. Recuerden siempre que ustedes son oro. Nunca se olviden que, así como el metal precioso salió de la entraña de la tierra, ustedes son el metal fundido y labrado por generaciones para que brille, para que sean símbolos vivos de todo lo que vale de verdad, que ustedes están llamados a reinar como reyes buenos, generosos y justicieros. Mantengan siempre en su corazón que, como el incienso, la gran patria, la verdadera patria, la más grande y maravillosa de las patrias, es la patria de Dios, de la que ustedes son hijos. No pierdan de vista que la medida de cualquier ideal es que los actos sean guiados por la voz de la conciencia, esa que cuando estamos lejos del mundo y cerca de nosotros mismos nos exige cumplir con los mandamientos de Dios, con el amor al prójimo, con buscar el bien para amigos y enemigos. Pero que nadie sustituya la esperanza con las ilusiones. Les regalo simbólicamente la mirra, para que recuerden que los caminos de la redención son escabrosos, llenos de sacrificios, de amarguras, de sufrimientos.

Oscar López Rivera, en estos hijos espirituales tuyos que hoy reciben oro, incienso y mirra, te bendigo a ti también por tu sacrificio y a través de todos ustedes, bendigo sobre todo a Dios Padre, creador de todas las cosas, de lo visible y lo invisible.

Al presidente de los Estados Unidos no le voy a pedir la libertad de Oscar López Rivera. Repito, a él no le pido la libertad de Oscar López Rivera. No se la puedo pedir porque el presidente de los Estados Unidos no le puede dar a Oscar lo que no ha podido quitarle. Oscar López Rivera es libre. Tantos años de tortura no le han podido quitar la libertad. Ríndase señor presidente. Reconozca que Oscar López Rivera le ha ganado, reconozca que con sus prisiones usted no puede quitar la libertad a los hijos de la libertad. Deje salir de la prisión a Oscar López Rivera y libérese usted de esa oprobiosa esclavitud, de esa vergüenza que le impone al pueblo de Estados Unidos de tener tanto miedo. Dígale al mundo que usted quiere la paz que tenga como condición previa la justicia con el pequeño pueblo puertorriqueño y muestre, con la excarcelación de Oscar López Rivera, que su palabra es en serio. Así, para usted también, señor presidente, oro, incienso y mirra en este Día de los Tres Santos Reyes.

Quiero referirme también a dos aspectos relacionados con la figura de Oscar López Rivera. A diferencia del reclamo por su excarcelación, estos otros dos son temas que causan división. Me refiero al asunto de las armas y a la condición política de Puerto Rico. Pero quiero hacerlo desde el lugar que me toca, desde la Iglesia.

Hay, en esta bendita tierra, quienes sostienen los puntos de vista más diversos con respecto a lo que debe ser el destino de la patria y cómo conseguirlo. Pero también nos hemos acostumbrado a un modo de hablar hipócrita. Hay quienes hablan contra las armas, siempre y cuando sea para denunciar el uso de esos instrumentos de muerte en las luchas de liberación, pero que nadie denuncie las armas en manos del Ejército y la Policía. En este mismo Río Piedras todavía no han desaparecido las marcas de cuando hace menos de un año se desató la furia del Estado contra los estudiantes que clamaban por la justicia mientras el país sufría y sufre sin defensor el embate de la violencia civil con más de mil muertos al año como saldo. Si vamos a hablar de las armas, tal vez sería bueno comenzar por hablar del problema real de Puerto Rico como punto de trasbordo del contrabando de armas desde Estados Unidos que ya en Wáshington han reconocido que constituye una amenaza de desestabilización para la región del Caribe.

Hay quienes hablan con orgullo de “la nación”, siempre y cuando no se trate de la nación puertorriqueña. Los estadistas y los independentistas repudian la condición colonial y los autonomistas dicen que Puerto Rico no es una colonia, porque eso es repudiable. Así las cosas, todos están en contra de las armas y todos están en contra de la condición colonial, pero nuestros discursos humanos están llenos de hipocresía.

Lo mismo ocurre con otras cosas. Todos hablamos de justicia, pero en demasiadas ocasiones lo que defendemos es la venganza, hablamos de perdón, pero lo que pedimos es castigo para el otro que haya obrado mal. Necesitamos un modo nuevo de hacer las cosas, pero es urgente que comencemos por un modo nuevo de hablar, de comunicarnos unos con otros, de poner las cosas en una perspectiva verdaderamente humana. ¿Cómo podemos amar a Dios, al que no vemos, si no amamos al prójimo, con el que convivimos?, al estilo de lo que dice el apóstol Santiago.

A todos los grupos, a todos los sectores, a todos los partidos, a todos los barrios y barriadas, a todos los líderes y seguidores, en este Día de Reyes, les propongo que retomemos cuatro palabras. Pronto hará veinte años que esas cuatro palabras resonaron desde la Diócesis de Caguas para todo Puerto Rico. En ese tiempo del 1993… cuando la Iglesia convocó a todos los sectores de la sociedad civil a un proceso de conversación y análisis serio sobre su propio ser; por tanto, sus propias necesidades y valores para cambiar el estado de cosas. Y así, comenzó a ocurrir; muchos eventos fueron el resultado de ese esfuerzo de transformación social y comunitaria: la salida de la Marina Norteamericana de Vieques, la presencia sólida de las Iglesias en un proceso de diálogo inter-religioso histórico; alianzas de organizaciones de la sociedad civil jamás esperadas por muchos, entre otras experiencias.

Casi una década duró la conversación multipartidista y multisectorial con impactantes resultados en beneficio del país; no para vivir en un entreguismo a ningún poder político. Les propongo que comencemos a pensar juntos en la posibilidad de volver a decirlas y a vivirlas con amor y respeto ético. Las cuatro palabras que propongo son DIÁLOGO DE RECONCILIACIÓN NACIONAL. Por favor, cada cual que reciba este mensaje, piénselo. La metodología la tenemos, la experiencia igual, el amor y la pasión por buscar nuevas alternativas respetando la dignidad de las personas… también. Pidamos todos que Dios nos ilumine y pidamos a los Tres Santos Reyes oro, incienso y mirra para todos los hijos/as de Dios.

Río Piedras, Puerto Rico
Fiesta Nacional de Tres Santos Reyes
6 de enero 2012

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