Por Gabriela Ortiz Díaz/Especial para En Rojo

Indudablemente, la creatividad ha sido protagonista en las manifestaciones multitudinarias que vienen suscitándose desde el verano 2019. Así lo confirman, por ejemplo, hashtags como #wandalismo y #schatzlatanería, con los cuales me topé en estos días mientras miraba Facebook. 

Estos hashtags fueron creados con tal lógica lingüística que son dignos de explicar utilizando aspectos gramaticales como la derivación de palabras o la semántica. En términos de la derivación, que se caracteriza por ser un proceso morfológico que permite la creación de palabras, cabe mencionar que uno de los neologismos en cuestión, wandalismo, se puede clasificar dentro de la nominalización, que es el proceso de formar sustantivos añadiendo un sufijo a un sustantivo. Así, el sufijo –ismo se une al sustantivo vándalo para formar vandalismo. Aplicando la misma regala gramatical, se formó, entonces, wandalismo (Wanda> wandalismo). Más genial queda la derivación si se considera la asociación que se quiere hacer entre el significado de diccionario de la palabra vandalismo (espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana) y la forma en que el gobierno de Wanda Vázquez Garced ha reaccionado ante el saldo que han dejado en la zona sur de la isla el terremoto del pasado 7 de enero y la subsecuente actividad sísmica que mantiene a cientos de personas refugiadas. 

La sufijación es el proceso en el que se adiciona un elemento, el sufijo, a un léxico ya existente en la lengua. El caso de –ismo es usado para formar sustantivos que pueden designar doctrinas, sistemas, escuelas, movimientos, actitudes, actividades deportivas o términos científicos. El caso de -ería o -ía, utilizado para derivar schatzlatanería (Tomás Rivera Schatz), puede significar “condición generalmente moral de las personas y principalmente de carácter negativo o desagradable, referencia que ya poseen sus bases”, como ocurre, por ejemplo, con los adjetivos: tacaño> tacañería, pillo> pillería, tonto> tontería, charlatán>  charlatanería. 

Ni hablar de la cercanía fonética entre las palabras originales y sus derivaciones: vandalismo > wandalismo; charlatanería > schatzlatanería. Entonces, muy acertados han sido estos hashtags que han pretendido concientizar a través de las redes sociales sobre quiénes son los verdaderos y verdaderas vándalos y charlatanes, si los “manifestantes” que pintan grafitis en las paredes de Viejo San Juan o los que niegan y luego aceptan la presencia de almacenes colmados de suministros que nunca fueron entregados al pueblo tras María. 

A propósito de esta magistral lección de lingüística que ofreció alguien en Facebook– y como complemento –, se incluye un listado de algunos nombres de animales – o sus derivaciones – con los que, a modo de metáforas, los y las puertorriqueñas tendemos a denominar muy a menudo a la clase política o sus acciones. De seguro faltan muchos más. 

• A lo joyo de res=hacer algo descuidadamente.

• Formarse un avispero=grupo de personas enfrascadas en una discusión acalorada. 

• Ser un cabrón o cabrona=referido a cosa que produce perjuicio o supone molestia y dificultad.

• Cabronería=Maldad, agresión, ofensa. 

• Ser burro o becerro=persona bruta, torpe. 

• Ponerse la cosa color de hormiga brava= situación que se sale de control. 

• Aplaudir como foca=dar por bueno un hecho o la gestión de una persona por fanatismo o sin preguntarse el porqué.

• Sacar pecho de paloma=hacer fronte; actuar con prepotencia. 

• Tener dientes de tiburón o espuelas=pelear o legislar en beneficio personal. 

• Ser un bacalao=er débil o hacer porquerías. 

• Hablar como cotorra o como el papagayo=hablar mucho y sin sustancia, pronunciar mensajes vacíos; hablar sin saber. 

• Ser una rata=tener una persona poco valor. 

• Ser un lechón o puerco=traicionero; que actúa en contra del beneficio común. 

• Haber un cucarachero=haber un reguero o desorganización. 

• Ser un gusano=traicionero.

• Ser ganso=listo, tramposo.

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