Carta de Oscar a Clarisa: “Tenemos que atrevernos a ganar”

Por Oscar López Rivera

Querida Clarisa:
Este pasado 4 de enero hubo una celebración de mi cumpleaños en San Sebastián, mi pueblo natal. No he visitado mi pueblo por 40 años y sólo puedo imaginarme y visualizar los cambios que ha habido allí para que El Pepino se haya convertido en el pueblo que recibe tantos elogios. Hoy, al levantarme, lo primero que pensé fue, cómo esta celebración en mi pueblo, así como todos los actos de solidaridad, son fuente de esperanza y fuerza para mí.
Durante los pasados 33 años, cada acto de solidaridad que he recibido, fuera una carta o una actividad llevada a cabo por el Comité de Derechos Humanos de Puerto Rico, por La Red Nacional Boricua de Derechos Humanos, 32 x Oscar o Las Mujeres del Puente me han permitido experimentar y celebrar la vida aun dentro de las condiciones en la prisión más perjudiciales y deshumanizantes. Estas expresiones de solidaridad han posibilitado la sobrevivencia de mi espíritu –no, aún no han logrado mi espiriticidio– y me han permitido aportar mi granito de arena para la justa y noble causa de la independencia y soberanía de nuestra amada Patria.
Al escribir estas líneas pienso en el compa Norberto González Claudio, en su amada familia y en la gran familia extendida, la familia puertorriqueña. Sí la gran familia puertorriqueña como la llamó Don Rosendo Matienzo Cintrón. Espero que Norberto sea excarcelado este 15 de enero y que sea recibido de vuelta en casa como el héroe que es. Esa celebración tendría más significado porque el día 15 también se celebra el nacimiento del Dr. Martin Luther King, hijo, día que siempre debemos celebrar. Sí, tengamos esperanza de que Norberto regrese a disfrutar la vida en su Patria, junto a su familia.
Además pienso en la juventud boricua, y en la juventud boricua en la diáspora y la grandeza que han mostrado con sus esfuerzos de solidaridad. Lo que hicieron en la Universidad de Puerto Rico, la caminata de San Juan a San Sebastián, la lucha que llevan dentro de la Universidad y como ésta nos garantiza que el futuro de nuestra Patria se encuentra en manos de ellos. Me siento profundamente agradecido. Están en mi corazón y mi mente, y saber que Puerto Rico será el Puerto Rico que tiene ser, el jardín edénico.
Aprovecho esta oportunidad para mencionar algunos asuntos que creo necesitan ser atendidos como parte de nuestros planes  para el futuro. Sabemos que lo mejor de lo que deseamos para Puerto Rico será logrado en el futuro. Del pasado hemos aprendido, especialmente de los errores cometidos a partir del 1898, cuando nuestra querida Tierra fue invadida, ocupada militarmente y convertida en colonia de los Estados Unidos.
Debemos vernos como un pueblo en pie de lucha para que Puerto Rico sea una nación fuerte y soberana, libre del depender de recibir las miserias que el colonizador nos tira y libre de ser presa de los buitres y mafiosos de Wáshington y de Wall St., que nos roban la libertad y nos mantienen endeudados por siempre.
Debemos vernos como dueños absolutos de nuestro futuro y nuestro destino. Sabemos que amar y defender nuestra Patria no tiene precio, pero si la perdemos, el costo sería un desastre. Si no queremos perder nuestra Patria, primero necesitamos crear un frente unido y segundo, desarrollar estrategias boricuas que puedan desarrollarse por décadas al futuro.
No podemos continuar obrando como lo hemos hecho por los últimos 116 años, que nos mantienen atollados en el colonialismo. Tenemos que llenar los tanques de nuestro pensar para desarrollar e implementar las estrategias que se necesitan para sobrevivir y construir el Puerto Rico edénico que sabemos podemos ser. Tenemos los recursos necesarios para hacerlo pero tenemos que atrevernos a pensar fuera del marco tradicional. Tenemos que atrevernos a luchar. Tenemos que atrevernos a lograr nuestros objetivos. Tenemos que atrevernos a ganar.
Al terminar estas líneas y en el espíritu de la celebración de la vida, quiero expresar nuevamente mi agradecimiento a todos los Puertorriqueños que tuvieron el coraje, la visión, la compasión, la esperanza y el amor de luchar porque Puerto Rico fuera una nación libre y soberana, y quienes nos dejaron el legado de continuar su ejemplo. Además, quiero expresar a todos los buenos Puertorriqueños la misma gratitud por la solidaridad que me han demostrado. Sin dicha solidaridad, no sé cómo hubiese logrado tener la fortaleza mental y espiritual necesaria para sobrevivir las condiciones que he tenido que enfrentar en la prisión por todas estas décadas. Todos esos esfuerzos solidarios para conmigo no serán actos fútiles.
Así que, sigan fuertes, no pierdan la fe ni el coraje de luchar. Celebrando también en el espíritu de lucha del compañero Juan Santiago Nieves, les envío un abrazo y mi amor,

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